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lunes, 12 de abril de 2010

limonada

hola mira ayer me dio una sed mortal en la noche y me dieron ganas de tomar una limonada pero quería que sea una limonada del color tradicional de la limonada, ese color medio verde acuoso, visto desde una jarra de vidrio. para prepararla así era necesario utilizar azúcar blanca. con el azúcar rubia, se oscurece feo el agua y no me gusta esa apariencia de la limonada. como no tenía, salí anoche a conseguir una bolsa de azúcar blanca. llegué a la bodega de la esquina y la señora me dijo: "tengo solo rubia". tamadrié y me fui a la siguiente bodega, una cuadra después y al llegar dije con voz alta: "déme un kilo de azúcar blanca". "no hay", me respondieron. carajié y me fui a la otra bodega, en la cual felizmente encontré azúcar blanca. compré un paquete de un kilo y me regresé a mi casa a preparar la limonada tal como quería. y la disfruté con tal placer, de sólo ver cómo el azúcar blanca caía como nieve sobre el agua en la jarra (ya mezlada con el limón), se me acentuaba la sed. y cuando mi boca se topó con el vaso de limonada helada y endulzada con el azúcar blanca, fui feliz y disfruté de un sabor delicioso. qué rico.

viernes, 8 de mayo de 2009

limonada

Y donde estés amigo. Te lo digo sinceramente. Donde quiera que estés amigo. Te recuerdo. Porque siempre que iba a visitarte a tu casa, me invitabas un vaso de una limonada deliciosa. Un vaso grande lleno de limonada bien fría. Nada me caía mejor. Siempre te lo agradecía, porque además estaba bien preparada y tenía un sabor riquísimo. En el punto exacto entre el limón, el agua y el azúcar. La proporción precisa. Y obviamente, yo sabía muy bien que tú no la habías preparado, pero siempre me la invitabas como si tú la hubieras hecho. Y cuando ya me encontraba sentado en la sala de tu casa y apenas habíamos empezado a conversar, notabas que ya casi me había terminado de tomar la limonada y tú de la manera más cordial y generosa me ofrecías un segundo vaso y yo bien feliz aceptaba. Tan rica, tan ácida, tan refrescante. La limonada de mi amigo.

Hace mucho tiempo no voy a la casa de mi amigo, pero sé que sigue siendo la misma. Y no sé si un día vaya y lo encuentre y además, haya algo de limonada en la refri de su cocina y él esté dispuesto a invitarme. No sé. Aún hablo con él de vez en cuando, con mucha menos frecuencia que en la época de las limonadas. Y no voy a decir quien es mi amigo porque de repente ustedes van a querer ir a su casa para gorrearle un vasito de limonada helada. Es bien rica, les digo. Qué sabor. Algún día nos volveremos a encontrar, amigo… limonada.