jueves, 8 de febrero de 2007

Mientras tanto...

Mientras tanto...

Mientras, yo voy caminando por el centro de Lima con los audífonos puestos escuchando a los amigos invisibles...

Mientras, muero de calor y me acabo la segunda botella de medio litro de agua mineral sin gas san mateo heladita...

Mientras, camino sin mirar mucho a los costados cuando pienso que sí debería hacer eso, y detenerme a mirar todos estos balcones, estos edificios antiguos de los que salen personas que terminan su jornada a las cinco de la tarde...

Mientras, sigo caminando con las manos en los bolsillos y con la cara de seriedad habitual, con el ceño fruncido, nunca más fruncido, medio a la defensiva, porque en el centro de Lima cualquier cosa puede pasar...

Mientras, ya pasé el jirón de la unión y veo a la pareja de turistas con unas gigantescas cámaras fotográficas, comprando pilas...

Mientras, voy sintiendo mi polo pegándose por el sudor y ya no tengo agua y eso me pone más serio aún, pero la música me divierte y voy cantando “la vecina”, aunque tenga que soportar las estridencias de la calle, la de los vendedores de cidis que suben el volumen a sus equipos para llamar la atención, la bulla va en aumento, estoy a dos cuadras de la Av. Abancay...

Mientras, camino esa cuadra del jirón Ica, veo a un conductor de televisión saliendo en su carro de un edificio de estacionamientos, qué seriedad pienso al mirarlo (y quien habla de seriedad, que tal frescura)... frescura es lo que necesitaría en esta tarde calurosa, una frescura como la de halls...

Mientras, veo a una señora que muy campante le ha bajado el pantalón a su hijito de tres años aprox. para que saque su pequeño pipilín y “haga su pichi” en plena vereda... yo contemplo en breves segundos lo que ocurre esquivando la escena velozmente....

Mientras, escucho la sinfonía de la avenida Abancay, ya estoy casi frente al edificio del Ministerio Público... cuando una señora negra de aspecto agresivo me ve pasar caminando apurado, con mi mochila, mi discman y mis lentes oscuros y me mira de una manera tal que yo estoy seguro que, si ella quiere, me mete un lapo y me pega y yo le digo gracias y sigo caminando...

Mientras, cruzo la pista en una, rapidazo, mirando a los cuatro costados (ya me han podido atropellar más de una vez en la avenida Abancay) y camino más rápido sin conseguirlo porque cada vez hay más gente que no deja espacio e interrumpe el paso, los cuarenta taxis amarillos que están estacionados esperando a toda esta gente que camina llena de bolsas, llena de cajas, haciendo mucho ruido.

Mientras, sin lograr caminar más rápido, camino y camino entrando a mesa redonda, sin mirar a nadie y a la vez mirando a todo el mundo, con la cabeza erguida, soportando los sonidos de este lugar que superan largamente el volumen más alto de mi discman, así que los amigos invisibles se van volviendo inaudibles también para mí... las cajas grandes y más grandes siguen saliendo de las tiendas, los carretilleros y cargadores están a la espera y miran a la gente pasar, de una manera ofensiva... sintiéndose dueños del territorio (porque, en verdad, lo son)...

Mientras, consigo oír los pregones de la gente que vende de todo, escucho ese característico tintineo de la moneda que golpea el vidrio que sirve de tapa a la caja en la que la heladera vende sus chups, sus marcianos de pura fruta, chupete chupete, lleve a cincuenta...

Mientras, llego a mi destino y empiezo a preguntar precios y quiero comprar y siento que hay tanta gente en este lugar y se mueven tanto, que si me detengo a querer observarlos, me llevan de encuentro, a pesar del peso, a pesar de todo.... compro, abro mi mochila, guardo todo muy rápido. Sobre todo el vuelto, porque ahora tengo la sensación de que alguien a poca distancia ha contado los billetes que he recibido en el vuelto y que pretende despojarme de él, pero no... 'TAS HUEVON!!!

Mientras, con la misma rapidez empiezo a caminar para irme de regreso y cruzar nuevamente la avenida abancay para tomar el micraso que me lleve de regreso a mi casa... ahora que estiro el brazo, el cobrador me dice que este no es paradero, que está prohibido y solo atino a reírme... esto es una selva, desde que empecé a caminar y ahora quieren darme “una regla”... una selva total, en la que no puedes andar desprevenido, pero en fin, le hago caso al cobrador, cruzo la avenida para subir al micraso... lo hago, me acomodo atrás, escucho, ahora si, a los amigos invisibles que volvieron a ser audibles y me voy a mi casa, miro la hora en mi celu, lo guardo y en pocos minutos me quedo dormido allí, abrazado de mi mochila...

9 comentarios:

Mu dijo...

oie no jatees peeeee..
1) te puedes derretir y quedarte pegado al asiento (aj)
2) se te pasa el paradero y la cagueid
3) y pe on!!!!

Languidstillness dijo...

y qué compraste es la pregunta?


los amigos invisibles son la voz ah

a mí me gusta andar por el centro, pero no en pleno calor PFFFFF

Manocaliente dijo...

y mientras tanto?

Walker (no walter) dijo...

desde que conozco a los bloguers los amigos invisibles han vuelto a mi vida.

Dos preguntas:
1. A ti que te podría pasar en el centro???
2. No crees que de un manaso podrias matar a 4 o 5 choros???

los choros dijo...

JP nos das miedo, no te haremos daño.

mano de jp dijo...

PLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFFFF

Dragón del 96 dijo...

Me hiciste recordar mi odisea en el Banco de la Nación.

Gracias por el link!

Slaudos.

señor serio dijo...

tú eres más serio que yooooo!

busy bossy dijo...

chaque cuando jp me dijo que acababa de postear quería ser la primera en comentar
take tssssssssss
pfffffffffffffffff
JAJAJA