lunes, 6 de agosto de 2007

Golosinaire

La luz del ascensor da directamente en sus ojos. Oye. Y ves el rostro del muchacho que está subiendo. Mira. Viene con los bolsillos cargados de golosinas. Come. En el camino mete la mano al bolsillo de su saco y toca el paquete que se ha comprado. Disfruta. Siempre quiere confirmar o asegurarse que tiene en los bolsillos lo que guardó minutos antes. Teme. Siente el peligro de perder la posibilidad de saborear el dulce. Muerde. La luna del ascensor refleja la cara. Reflejo. La cara de este muchacho que come golosinas por naturaleza. Degusta. A veces, el muchacho se prohibe las golosinas, por alguna estupidez, consejos supuestamente inequívocos. Mienten. El vigilante viene detrás. Parece que quiere golosina. Averigua. Le contestan y se queda tranquilo. Es feliz cumpliendo su trabajo. Responde. La responsabilidad dista un poco de la actividad de consumo furtivo de golosinas. Esconde. De pronto, piensa que es tan rico ese placer que opta por no compartir, dejar de convidar, no te invito pues. Para que dure más. Y dure para el muchacho. Termina.

2 comentarios:

Mu dijo...

convida tu producto golosinario!!!

Herr Hauptmann dijo...

jajaja...noseaslocoooo!!!!