martes, 30 de octubre de 2007

en la noche

Me llevé los panes. Me los comí. Caminé. Me subí. Llegué por atrás, camine por la vereda vacía. El señor me vió pasar. Me vió porque me escuchó caminar. Llegué y entré. Miré a los lados, subí las escaleras. Me detuve. Miré los afiches, uno por uno, como tocándolos con los ojos. Terminé y seguí subiendo. Más escaleras. Encontré una vitrina, la contemplé. El vigilante me llamó la atención pero pude rehuirlo. Luego de unos minutos bajé por las mismas escaleras. Entré al baño y luego de quince minutos salí de ahí. Caminé hacia fuera, escuché los gritos. Mucho ruido. Luego silencio. Caminé de regreso por la misma vereda por la que vine. Empezó a garuar. Se me mojaba la ropa. Corrí. Me detuvieron en la esquina. Y los detuve yo también. Me subí de nuevo. Me quedé parado, sin decir nada. Esperé un rato. A los pocos segundos, me senté. Flexioné las piernas, me paré de nuevo. Corrí con mucha velocidad y cruce la pista. Como un loco caminé hacia la casa. Golpeé la puerta, apretujando a la señora. Ella me reclamó con un quejido, pero yo ni siquiera volteé. Caminé dando pasos con vehemencia, como intentando hacer huecos al pisar. Llegué a mi destino.

¿ahora te das cuenta de todo?

1 comentario:

carmendelly dijo...

Solo terbgo q decir... noseas locooo